Ciencia que estudia los moluscos

Cómo convertirse en malacólogo

El Departamento de Malacología promueve el estudio científico, la conservación y la adquisición de especies de moluscos existentes, incluidos los gasterópodos (caracoles y babosas marinos, terrestres y de agua dulce), los bivalvos (almejas marinas y de agua dulce) cefalópodos (pulpos, calamares, sepias y nautilos), poliplacóforos (quitones), escafópodos (conchas de colmillos), aplacóforos (moluscos con forma de gusano) y monoplacóforos (caracoles “primitivos” con forma de lapa). La colección es de alcance mundial, con énfasis en el Océano Pacífico oriental (desde el ártico de Alaska hasta el sur de Chile) e incluye unos 500.000 lotes que contienen aproximadamente 4,5 millones de especímenes.

El personal de Malacología, los asociados y los voluntarios clasifican, identifican y verifican las identificaciones de los especímenes, los conservan, los vuelven a alojar, crean bases de datos e incorporan especímenes a la colección de investigación. Estas tareas representan una enorme empresa en términos del número de especímenes que se incorporan a la colección anualmente. La malacología participa activamente en los programas del museo, ofreciendo experiencias prácticas con moluscos extinguidos y existentes y con la geología local.

Malacólogo famoso

Los moluscos son uno de los grupos animales más diversos y abundantes, y habitan en muchos entornos acuáticos y terrestres. Son importantes ingenieros de los ecosistemas, ya que ayudan a estructurar los fondos acuáticos y proporcionan hábitat, protección y alimento a una amplia gama de otros taxones. Los moluscos han sido históricamente importantes para los seres humanos de muchas maneras, y hoy son un grupo económicamente importante en todo el mundo. Como grandes organismos calcáreos con un extenso registro fósil, pueden proporcionar información importante sobre acontecimientos climáticos y cambios oceánicos pasados, aumentando así nuestra comprensión de los cambios futuros previstos. Este artículo presenta una visión general del uso de los moluscos en los estudios medioambientales y de impacto, para proporcionar una línea de base hacia un uso más amplio de este grupo diverso (y de las valiosas colecciones que albergan muchos museos) como indicadores en la reconstrucción medioambiental, el cambio climático, el calentamiento de los océanos y la investigación sobre la acidificación.

El estudio de las conchas de los moluscos se denomina

Los mejillones cebra y quagga pueden ser invasores agresivos de las masas de agua y, cuando alcanzan altas densidades, pueden ser devastadores para las poblaciones de mejillones nativos (entre otros impactos).    Muchos lagos y ríos que antaño albergaban comunidades abundantes y diversas de mejillones autóctonos han experimentado un declive tras…

Los retos de la ciencia suelen requerir soluciones de varias disciplinas e implican la colaboración de diversos organismos. Un reciente acuerdo entre el Departamento de Conservación del Medio Ambiente del Estado de Nueva York (NYSDEC) y Arconic para proteger el hábitat y los mejillones de agua dulce en el Bajo…

El estudio de las conchas se llama

Animales aparentemente sencillos como el caracol y el calamar han saqueado su caja de herramientas genéticas durante los últimos 500 millones de años para encontrar distintas formas de construir cerebros, sistemas nerviosos y caparazones complejos, según un equipo internacional de investigadores, entre los que se encuentra un neurocientífico del Laboratorio Whitney de Biociencia Marina de la Universidad de Florida.

Utilizando enfoques genómicos y computacionales, los científicos han reconstruido la historia evolutiva de todo el filo Mollusca, que incluye más de 100.000 especies vivas, desde calamares gigantes hasta criaturas microscópicas parecidas a gusanos marinos.

Uno de los resultados sorprendentes del estudio, publicado recientemente en línea en la revista Nature, sugiere que la formación de un cerebro complejo en los moluscos se ha producido de forma independiente al menos cuatro veces en el curso de la evolución, un hallazgo que puede resultar útil para los científicos de la medicina regenerativa que intentan desarrollar nuevas formas de ayudar a las personas con enfermedades cerebrales degenerativas.

“La naturaleza hizo muchos experimentos para nosotros durante los últimos 500 millones de años, utilizando diferentes herramientas moleculares para construir cerebros complejos mediante la centralización independiente de estructuras neuronales más pequeñas”, dijo el doctor Leonid L. Moroz, miembro del departamento de neurociencia de la Facultad de Medicina de la UF. “El pulpo, por ejemplo, es muy inteligente. Puede aprender observando y tiene uno de los cerebros más complicados de todos los animales sin columna vertebral. Y evolucionó de forma completamente independiente a nosotros, utilizando diferentes genes, reguladores de genes y, en parte, diferentes moléculas de señalización neuronal.”